A Himenia Camafría, madura señorita soltera, le gustaba mucho la canción cuya letra dice: "Amor es el pan de la vida; amor es la copa divina; amor es un algo sin nombre que obsesiona a un hombre por una mujer". Así, cada vez que se topaba con un músico, la señorita Himenia le pedía: "Oiga, señor, ¿no me hace favor de tocarme 'El Pan de la Vida'?"... Pobre, se parece a la otra señorita, Solicia Sinpitier, también madura y soltera, que llegaba a la tienda de discos y decía al empleado: "Por favor, joven, deme 'Felicidad' con El Pirulí"... "¡¿Otro vestido?! -exclama indignado el marido gritándole a su mujer-. ¡Cómo crees que voy a pagarlo!". "Mira chulito, -le contesta fríamente la mujer-. Yo no me casé contigo para darte consejos financieros". Señora, te pareces a la mujer que fue a quejarse