P O S T A L E S M A R I N E R A S
Las cosas buenas suceden porque sí. ¿De qué otra manera se hizo al mundo con sus montañas, sus desiertos, sus caminos fluviales y sus mares? Seguramente no por esto ni por aquello sino, sencillamente, porque sí; porque el Supremo Hacedor de todas las cosas, en ese momento, no tenía nada mejor qué ver sino sólo el ilimitado y libre espacio de siempre, que ya debe haberle tenido hasta la coronilla, y se ha de haber dicho: ¡Hagamos al mundo!, que en esos momentos sólo Él sabía lo que podía eso ser. Y que fue esto, lleno de sitios, no digo para conocer, que eso es tardado, pero sí para ver, no como en el cine, sino pudiendo tocar lo que queramos.
Y así, porque sí, un día, nuestra hija Lupita, y Vidal, su esposo, llegaron a vernos, a Elvira y a mí, como l