La Sierra de Arteaga, en mi natal Coahuila, es una de las más bellas regiones mexicanas. Sus elevados montes cubiertos de encinas, robles, pinos; sus anchurosos valles con huertos de manzanos, ciruelos y duraznos; sus pintorescos poblados de sonorosos nombres: "Los Lirios", "Sierra Hermosa", "Jamé", "San Antonio de las Alazanas"; sus sitios para el descanso y la recreación -Monterreal tiene ya fama internacional-, son bellezas que encantan los sentidos del cuerpo y los del alma. (Así como en nuestra parte corporal está el espíritu, algo corpóreo debe haber igualmente en esa Animula, vagula, blandula, hospes comesque corporis, "almita inconstante y frágil, habitante y compañera del cuerpo" que dijo en su Historia Augusta el latino Elio Esparciano). Pero iba a hablar de la Sierra de Arteaga,