Los escoceses, ya se sabe, son famosos por su aversión a gastar. Llegó un escocés a una cantina y se sentó ante la barra sin decir palabra. Después de un rato, y al ver que el individuo no pedía nada, va el cantinero hacia él y le pregunta: "¿Puedo ofrecerle algo?". "Sí -responde el escocés-. Tráigame un whisky". El cantinero se lo sirve, el escocés lo bebe y se levanta luego para retirarse. "Oiga, amigo -le dice el de la cantina-. Se le está olvidando pagar la copa". "¿Y por qué debo pagarla? -replica el escocés-. Yo no se la pedí: usted me la ofreció, y yo me limité a aceptar su ofrecimiento. No tengo por qué pagar algo que no solicité". En la cantina estaba un abogado, y el cantinero lo consulta. "El hombre tiene razón -determina el letrado-. Si él no pidió la copa no está obligado a pa