Doña Fecundina, esposa de Pitorraudo Preñatór, tenía ya 15 hijos. El padre Arsilio la exhortaba a moderar su tasa de natalidad: le decía que las condiciones de vida en el planeta se volvían cada año más difíciles a consecuencia de las guerras y el alto precio del tomate. La prolífera madre se justificaba: "Es que usted no conoce a Pitorraudo -le decía al buen sacerdote-. Su apetito amoroso es insaciable. Pena me da narrar estas intimidades, señor cura, pero ha de saber usted que todas las noches mi marido me hace objeto de un asalto amoroso. Si me acuesto boca arriba, me asalta. Si me acuesto sobre el costado izquierdo, me asalta. Si me acuesto sobre el costado derecho, me asalta lo mismo". "Pues, hija -sugiere vacilante el padre Arsilio-, acuéstate bocabajo". "Le digo, padre -suspira doña