Bill Etes, magnate de los negocios, se disponía a subir a su automóvil, un coche japonés de último modelo, para ir a jugar su acostumbrado golf del miércoles. Pasaba por ahí Solicia Sinpitier, madura señorita soltera, y vio sobre el tablero del automóvil unos tees, pequeñas bases de madera que los golfistas usan para colocar ahí la pelotita y luego hacer su tiro. "Perdone la curiosidad, caballero -dice la señorita Sinpitier-. ¿Qué son esos objetos?".- "Son tees -responde Bill Etes-. Los uso para poner encima mis pelotitas". "¡Caramba! -exclama Solicia con admiración-. ¡Esos japoneses piensan en todo al diseñar sus automóviles!"... Aquel adolescente lucía una erizada cabellera de color naranja, aretes en la nariz y en una oreja, camiseta de malla, pantalones de cholo y tenis fluorescentes.