A mí me encanta ir a las pulgas, esos mercados populares que la crisis ha hecho proliferar. En tales baratillos he encontrado cosas que ahora son para mí muy caras, es decir muy queridas: antiguos cromos, raras bisuterías, platos y tazas con decoraciones peregrinas, objetos kitsch... Curiosas curiosidades, en fin, que me dan placer cuando las compro y nuevo placer cuando las miro.
El otro día fui a una pulga y cuál no sería mi sorpresa -esa frase me encanta- al ver casetes y discos DVD con "El último de Catón", las cápsulas de humor y reflexión que digo todos los días en los noticieros de Televisa Monterrey. Alguien se puso a grabarlas de su televisor y ahora se venden -y muy bien, me dijo el comerciante- en esos mercados populares.
A mí no me molesta que anden por ahí, en versión Morgan