DE POLÍTICA Y COSAS PEORES
Por CATÓN
Llegó el padre Arsilio a la tiendita de la esquina y le pidió a la chica del mostrador: "Por favor, hija, dame un refresco y unos nachos". La muchacha era guapa, lucidora, y estaba en buenas carnes tanto por el norte como -sobre todo- por el sur. Además llevaba minifalda. Cuando se inclinó a sacar el refresco de la hielera se le vio todo el tafanario, que así se llaman también las popularmente conocidas como “pompas”. El padre Arsilio no pudo menos que mirar las rotundidades de la chica. Ella se disculpó, apenada. "Perdone, señor cura –le dijo-. No fue mi intención que viera usted eso". "Nada vi, hija -replica el padre Arsilio-. Y si algo se mostró ante mí quiero que sepas que no reparé en ello, pues sólo tengo ojos para las cosas