Bracerio, joven originario de Tingüingarapeo, se fue a los Estados Unidos y trabajó algún tiempo allá. De regreso en su lugar de origen contaba a sus maravillados contertulios la experiencia que tuvo en una casa de mala nota de Chicago. "Lugares como ése no hay en Tingüingarapeo -decía-. Alfombras rojas; cortinas de brocado; candiles de prismas... Al entrar me recibió una señora muy elegante, me llevó a una sala y me sirvió una copa de champaña. Eso no se ve en Tingüingarapeo. Me envió a una muchacha preciosa, rubia, de ojos azules. Una mujer como esa jamás se encontrará en Tingüingarapeo. Me llevó a un cuarto. ¡Qué habitación aquella! Luz tenue, incienso, una cama de agua, grandísima, redonda... De eso no hay en Tingüingarapeo...". Preguntan los amigos, ansiosos: "-¿Y luego? ¿Y luego?". R