Capronio, ruin sujeto sin rasgo de humana decencia, llevó a su esposa a una marisquería, cosa extraña en él, pues nunca sacaba a la señora. Grosero como era, se adelantó a pedir. Le dice al mesero: "Dame unos camarones". Pregunta el hombre: "¿A la diabla?". Responde Capronio: "A ella tráele unos totopos y ponle el plato de la salsa"... La esposa de aquel sujeto pasó a mejor vida. Un amigo suyo andaba de viaje, y no pudo asistir al funeral, pero fue a darle el pésame al día siguiente. La puerta de la casa estaba abierta, de modo que el visitante entró. Lo que vio lo dejó patidifuso: sobre la alfombra de la sala el viudo estaba yogando cumplidamente con la criadita de la casa. "¡Follardo! -le grita el amigo con enojo-. ¡Apenas ayer enviudaste, y ya estás haciendo esto!". "Amigo mío -se justi