Aquella madre de seis hijas decía muy desolada: "¡Ah, el mundo! ¡A mis pobres hijas todos sus maridos les salieron cornudos!". Víctor Hugo, admirado colega, fue objeto en cierta ocasión de un homenaje. Se formó una fila de admiradores para saludarlo. A cada uno el célebre escritor le preguntaba de dónde venía. "Yo, de España" -dijo uno. "¡España! -exclamó grandilocuente el autor de "Hernani"-. ¡Ah, Cervantes!". El que seguía era italiano. Prorrumpió Víctor Hugo: "¡Italia! ¡Ah, Dante!". Llegó un alemán. "¡Alemania! -exultó Víctor Hugo-. ¡Ah, Goethe!". Venía luego un súbdito británico. "¡Inglaterra! -se conmovió el francés-. ¡Ah, Shakespeare!". Llegó un oriental ataviado con su turbante y su caftán. "¿De dónde viene usted?" -le preguntó el escritor. Respondió el individuo: "De Mesopotamia".