En un café de mi ciudad hay una mesa de adultos mayores muy mayores. Los demás parroquianos conocen a los integrantes de esa mesa con un extraño nombre: Los Minifaldos. Les dice así, explican, porque están a cinco centímetros del hoyo. Los Minifaldos suelen hacer profecías sobre los eventos de más actualidad: juegos de campeonato, sucesos de política, etcétera, y luego apuestan con los otros clientes sobre el cumplimiento o no de su vaticinio. Dice la voz popular que los añosos augures nunca fallan, y ya su mesa es vista como oráculo. Consulté ayer a Los Minifaldos sobre la elección presidencial en los Estados Unidos. Me sorprendí al saber que profetizan la victoria de John Kerry, y están tomando apuestas -a la par- en los términos de su predicción. Yo carezco del don de los zahoríes: me e