L U N E S
Con la computadora me pasa igual que con el automóvil, del que no sé nada, sólo introducir la llave que enciende su motor y lo hace caminar, así a la computadora, la enciendo y comienzo a escribir. Es decir que a la computadora la rebajo a simple máquina de escribir, invención maravillosa que, a mí me parece la mayor de todas, pero que, ya dotada de pantalla, cuando, por equivocación toco una tecla que no tenía para qué, me hace verdaderamente rabiar. Hoy (hoy es lo que será el próximo jueves) por ejemplo, iba a trabajar lo correspondiente a tal día cuando, de pronto, alguna tecla toqué que no debía haber tocado, y ¡cataplum!, todo se vino abajo, se borró todo lo hecho, que por otra parte no acostumbro guardar. Y el problema, el verdadero problema no era ese, sino que ignoro có