En el lobby bar del hotel un tipo le apostó una copa a una muchacha de generoso busto a que podía tocarle sus opulentos encantos sin siquiera rozarle la ropa. La muchacha llevaba una blusa que le cubría hasta el cuello, de modo que aceptó la apuesta. Entonces el individuo puso sus dos manos sobre el hermoso tetamen de la chica y lo acarició cumplidamente. "Pero me tocaste la ropa" -dice la muchacha. "Tienes razón -acepta el tipo con una gran sonrisa-. Cantinero, sírvale una copa a la señorita"... A propósito de apuestas yo digo que es un mito eso de que el establecimiento de casinos de juego traerá turismo a México. Traerá maleantes, sí, y los que aquí tenemos hallarán nuevo campo de actividad para su corrupción. ¿Que esos casinos harán que vengan más turistas? Lo dudo: los europeos y asiá