Simpliciano, candoroso joven, casó con Pirulina, mujer con mucha ciencia de la vida. Se sorprendió la pizpireta novia cuando su maridito no hizo nada la noche de las bodas, y más creció su asombro cuando pasaron los días, las semanas y los meses, y Simpliciano no hacía obra de varón. Recelaba ya de su masculinidad cuando una noche, de buenas a primeras, Simpliciano se precipitó sobre ella y le hizo el amor fogosamente, de modo tan cabal y consumado que la dejó ahita y satisfecha. Agotada por el deliquio de aquel inesperado trance le pregunta Pirulina a su ardiente amador: "¿Por qué, Simpli, no habías hecho esto antes? Ya llevamos seis meses de casados, y hasta ahora me muestras tu pasión". Responde el inocente: "Un tipo que no sabe que me casé contigo estaba hablando de ti, y dijo que habí