Cuando tenía yo 16 años y era un adolescente flacucho y esmirriado me dijo una muchacha de mi edad: "Tú has de ser metafísico". Sentí halago por ese comentario; pensé que las lecturas me salían a la cara. Le pregunté a la chica: "¿Por qué crees que soy metafísico?". Me respondió: "Porque no tienes nada de físico". En esa traumática experiencia, creo, radica mi temprana aversión al mundo de lo real. Por eso de vez en cuando asciendo al superior estrato de las Matemáticas, gran reino de las exactitudes en donde para cada problema hay una solución. He aquí, por ejemplo este problema. Juan, Pedro y Antonio tienen, respectivamente, 20, 30 y 40 manzanas. Los tres venden sus manzanas al mismo precio, y sin embargo los tres obtienen como producto de la venta la misma cantidad: cien pesos. ¿Cómo pu