Ella dijo: "Hoy no, Avidio. Me duele la cabeza". Él aseguró: "En la cabeza no te voy a hacer nada"... Una vecina le pregunta a doña Jodoncia: "¿Cómo está su esposo?". Contesta ella: "Regular". La vecina se inquieta. "Está enfermo?". "No -aclara doña Jodoncia-. Lo que quiero decir es que hay otros mejores"... Afrodisio, galán concupiscente, convenció a Dulcilí, doncella candorosa, de entregarle su más secreto e íntimo tesoro. A resulta de esa donación ella quedó en estado de preñez. Y entonces vino el olvido, hermano de la muerte: Afrodisio dijo no recordar el juramento que había hecho, de dar mano de esposo a Dulcilí. Llorosa y gemebunda ella le recordaba al aleve amante sus promesas. Él negaba. Nihil amori iniurium est. Los juramentos de amor no valen nada. Entonces Dulcilí, desesperada,