Don Algón, salaz ejecutivo, le regaló a Rosibel, su secretaria, un finísimo abrigo de visón. "¡Gracias, jefe! -exclama ella agradecida-. ¡Esto lo mantendrá caliente durante mucho tiempo!"... Casó Simpliciano, joven candoroso, con Pirulina, muchacha con bastante ciencia de la vida. La noche de bodas él la contempla ataviada con su vaporoso negligé, y le dice en arrebato de adoración: "¡Amada mía! ¡Siento el vehemente impulso de arrodillarme frente a ti!". "¡Ay, Simpli! -le dice ella-. ¡Ni que fuera virgen!"... Un individuo perdió una mano en un accidente, y le trasplantaron otra de mujer. Al paso del tiempo le preguntaban al sujeto: "¿Cómo te ha ido con tu nueva mano?". "Bien, en general -respondía él-. Un solo problema tengo: cuando hago pipí no me quiere soltar"... Doña Jodoncia iba por