Llegó el marido a su casa en horas de la madrugada. Traía manchas de lápiz labial en la camisa y olía a jabón chiquito. Le dice su señora: "Libidio: tú me engañas". "¡Ah, mujer! -clama él alzando la mirada al cielo-. ¿Ya vas a entrar tú también en la cultura del sospechosismo?". El secretario de Gobernación, Santiago Creel, acuñó ese nuevo neologismo mexicano, "sospechosismo", para aludir a la costumbre de los políticos de ahora de recelar de todos y de todo, de ver por dondequiera conjuras y complots. El léxico personal de nuestros hombres públicos es tan limitado que se ven en la necesidad de inventar sus propias palabras, con lo que hacen aportaciones muy interesantes a la lengua, si bien efímeras. Tiene razón don José Guadalupe Moreno de Alba, director de la Academia Mexicana de la Len