Pirulina, muchacha de amplio criterio y generosidad más amplia todavía, decidió cambiar de vida y volver a la senda de la virtud y el bien. Convenció a una amiga y juntas asistieron a un retiro espiritual que duraría una semana. Al sexto día dice Pirulina: "Mis piernas, ya han de estar aburridas una de la otra. Jamás habían estado juntas tanto tiempo"... Sudando la gota gorda el infeliz tipo iba empujando el pesado automóvil por la empinada cuesta arriba, mientras su amigo llevaba el volante. Después de media hora de sufrir, el pobre sujeto logra hacer llegar el coche hasta arriba de la pesada pendiente. "¡Uf! -exclama limpiándose el sudor-. ¡Creí que nunca lo iba a conseguir!". "Yo también creí lo mismo -dice Babalucas-. Y eso que llevaba metido todo el freno para que el coche no se te fu