Termina el trance de amor, y el contrito galán le dice a su llorosa noviecita: "No te apures, Dulcilí: estoy dispuesto a reparar mi falta". "Muy bien -replica ella enjugando su llanto-. Entonces dame mil quinientos pesos"... La lógica, esa inflexible profesora, puede tomar atajos impensados. Le propone el maestro a su discípulo: "Te apuesto 100 pesos contra 20 a que traes un agujero en tu calcetín izquierdo". El estudiante, que estrenaba esa mañana calcetines, tenía la absoluta certidumbre de que en ellos no había agujeros. Aceptó la apuesta, por lo tanto, y se dispuso a quitarse los zapatos para mostrar los calcetines. "No es necesario -lo frena el profesor-. Tu calcetín izquierdo tiene un agujero. Si no ¿entonces por dónde metiste el pie para ponértelo?". Un individuo entró en la tienda