Después de ir durante un buen rato por la carretera el muchacho orilla el automóvil y lo detiene en un romántico paraje, oculto por un espeso bosque. La muchacha que con él va llena sus pulmones de aire y "-¡Aaaaaaaaayyy!", lanza un tremendo grito. "-¿Para qué gritas -le pregunta el muchacho-. No hay una sola alma en veinte kilómetros a la redonda". "-Ya lo sé -contesta ella-. Pero grito para tranquilizar mi conciencia y luego poder pasar el rato bien"... El señor dice muy indignado a su mujer al sorprenderla en delicado trance: "-Filarmina: la semana pasada te encontré con un amigo mío del club; antier con un amigo mío de la oficina; ayer con un amigo mío del casino y hoy te sorprendo con un amigo mío del café. ¿Qué no te puedes buscar tus propias amistades?"... A la hora de la comida, ju