L U N E S
A quienes, como yo, vienen de lejos; es decir, cuando menos de la década de los veintes, la manera de llover de estos últimos días nos lleva a recordar la de entonces, cuando las calles sin pavimentar y con poco drenaje lograban acumular tanta agua, sobre todo en las esquinas, que las hacía parecer lagunas. Los chiquillos que normalmente andaban descalzos, y que entonces eran muchos, se daban vuelo metiéndose en aquellos grandes charcos, y no pasaba mucho tiempo sin que todos los de aquellos vecindarios, con permiso o sin permiso de sus madres, corrieran a quitarse los zapatos para imitarlos y ponerse a chapotear en aquellos lagunajos. En estos últimos tiempos en que, por una parte los años de seca se sucedieron unos a otros, y por otra la pavimentación y el buen drenaje impiden