¡Mañana! Sí, mañana aparecerá aquí el tremebundo cuento intitulado "El Hombre en el Río de Hielo". Relato de tan subido color no registran los anales de la picardía, al menos en los últimos años. Lo leyó doña Tebaida Tridua, cuya severidad de costumbres es comparada con la de las matronas de la antigua Roma, y fue poseída por una camptocormia con prosternación, rara forma de histeria nerviosa consistente en la repetida flexión del tronco hacia delante. Es fecha que la distinguida señora no puede cesar ese curioso movimiento. Vanos han sido los parches de amaranto, las cataplasmas de sábila, los sinapismos de mostaza, las bizmas de aguardiente y los emplastos de yerbadulce u orozuz. La pobre doña Tebaida sigue abatiendo una y otra vez el tetamen y levantando la profusa popa, lo cual suscita