"Sólo el cambio es eterno", dijo Heráclito. No voy a rebatir el parecer de pensador tan supereminente; sólo me arriesgaré a proponer una excepción: doña Tebaida Tridua, Presidenta ad vitam Interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías. Esta señora, censora de la pública moral, no cambia nunca. Primero se mudará de sitio el Peñón de Gibraltar que ella varíe su modo de pensar. He aquí que doña Tebaida volvió a negar su autorización para que en este espacio vea la luz pública mi cuento "El Hombre en el Río de Hielo". Acepto que el tal relato es de goliardos, propio de gentualla de trueno, descomedida y zafia. Pero ¿no hay libertad acaso para dar voz incluso a tales picardías? La Revolución Francesa ¿se hizo en vano? Lamento la intransigencia de aquella ilustre dama, pero su parecer no puede