L U N E S
Éstos, queridos lectores, son mis últimos años. Podrán ser todavía tantos que me canse de vivirlos. O podrán ser pocos y lo suficientemente útiles que me enorgullezca de haber llegado a ellos.
Muy joven todavía se presentó en mi vida, que, de verdad, no valía la pena de vivir si no fuera por su juventud, la idea del juniorismo. A Torreón esto del juniorismo lo trajo un joven norteamericano que si no recuerdo mal se llamaba Vance Graham. Enrique C. Treviño, director de la Escuela Comercial, en la que yo estudié, era, por entonces Secretario de la Cámara de Comercio, y él fue el que invitó a varios de sus ex alumnos a escuchar aquella plática de Graham sobre juniorismo, movimiento juvenil que entonces tenía éxito en Norteamérica y se llamaba Cámara Junior sencillamente porque qu