Un hombre oyó la frase "buscar una aguja en un pajar". Entendió que la expresión aludía a una empresa dificultosa, ardua. Había oído decir que lanzarse a esa clase de empresas, las difíciles, es algo noble y levantado. Así, se determinó a dedicar su vida a buscar una aguja en un pajar.
Enfrentó una primera dificultad: no sólo era difícil encontrar una aguja en un pajar, también era difícil encontrar pajares. Cuando hallaba uno el dueño le negaba su permiso de entrar en él para buscar la aguja. Era tildado de loco; los niños lo perseguían con burletas y le tiraban piedras. El hombre, en vez de arredrarse, se alegraba. Aquellos contratiempos, meditaba, ennoblecían su tarea, le daban las dignidades del martirio.
Esto que narro sucedió hace muchos años. El hombre de mi historia sigue buscan