El 15 de enero de 1894 el barón Pierre de Coubertin dirigió una carta a los gobiernos de las naciones. En su misiva destacaba el bien que el deporte podía hacer a la juventud si se practicaba en acuerdo con los ideales de la antigua Grecia. Dos años después se instauraron los Juegos Olímpicos en el sitio preciso de Atenas donde las competencias se habían interrumpido 15 siglos antes. El espíritu olímpico es en el fondo un espíritu de superación. Todo incita a hacer más que lo ya hecho, y a hacerlo mejor: más rápido, más alto, más fuerte. Pero en cuestión deportiva los mexicanos, como el tío Laureano dijo, no sólo estamos retrocediendo: también vamos p?atrás. A fin de justificar la serie de fracasos que en general ha sido hasta ahora nuestra participación en esta Olimpíada, los atletas y en