Iba Caperucita Roja por el bosque, con su canastita bajo el brazo, a llevarle la comida a su abuelita. Le sale al paso el Lobo Feroz. "¡Grrr! –le dice-. ¡Te voy a comer!". "-Comer, comer -repite Caperucita con desdén-. Casi dos siglos tiene el cuento y a nadie se le ha ocurrido hacerle una variante"... Empédocles Etílez, el borrachín del pueblo, llegó a su casa con una pítima de órdago, igual que siempre "¿Dónde andabas, cabrísimo grandón? -le pregunta su mujer con ignívomo acento furibundo-. ¡Por tu culpa no he dormido en toda la noche!". "¿Y a poco yo sí he dormido?" -pregunta con infinito cinismo el temulento... Don Feblicio le dijo a su señora que se proponía donar sus órganos a la ciencia. "Dona el cerebro y la ésta" -sugiere ella. "¿Por qué el cerebro y la ésta?" -inquiere don