Siempre he creído que la vida es un buen retrato del cine. Soy un cinéfilo irredento: tantos años llevo viendo películas que de seguro una parte de mí cerebro ya es de celuloide. Recuerdo como si fuera mañana las gloriosas funciones de matiné dominical en el Cinema Palacio de Saltillo, mi ciudad amada. (No "Cine". Cinema, si me hace usted favor). Disfruto ahora el llamado cine en pantuflas, una nunca soñada maravilla que hace de tu recámara la mejor sala cinematográfica. En ella acabo de ver una película magnífica, de Frankenheimer. Se llama "Camino a la guerra" ("Path to war"), y narra en forma clara, y al mismo tiempo con profundidad, los hechos que llevaron a los Estados Unidos a hacer la guerra de Vietnam: cómo Lyndon B. Johnson, que soñó con hacer de su país "La Gran Sociedad", fue ob