Decía una señora hablando de su esposo: "Es la luz de mi vida. Lo malo es que en la noche se apaga"... Aquel individuo se dedicaba a una fea actividad: era lo que en España se llama "chulo", en Francia "gigolo", en Estados Unidos "pimp" y en México "padrote", "tarzán", "pachuco" o "cinturita". Vivía de mujeres que comerciaban con su cuerpo. Algún arte especial, alguna secreta cualidad u oculta maña tendría aquel rufián, pues lo favorecían las pobres daifas, a quienes hacía objeto de maltratos a más de arrebatarles el jornal que cada día ganaban con el sudor de su... bueno, con su trabajo. Cierto día aquel erótico parásito sintió una extraña comezón en la entrepierna. Pensó que había adquirido una infección venérea -en su caso un gaje del oficio-, y fue a la consulta de un médico especialis