Calamitosos tiempos estos que vivimos. Es agosto, mes en que todo mundo hace su agosto, y nosotros los mexicanos sufrimos "the winter of our discontent", el invierno de nuestra amargura, según frase de Shakespeare. Todo se va a pique frente a nuestras atónitas miradas, y no se ve una luz en la calígine del panorama público. Los políticos andan trenzados en dimes y diretes, y riñen entre sí por el poder cual lobos que se disputan la cacasa de un noble ciervo al que mataron. Suspendo unos momentos el discurso a fin de reponerme de la tremenda impresión que me causó este violento símil... Ya me repuse. Continúo... Todos hacen su contribución al caos general; unos con un motivo, con el suyo otros. Se ocupan éstos en atizar el fuego y aquéllos en arrimar a él su sardina. No hay una voz que se l