En el Cielo le dice San Pedro al Señor: “Estoy desolado, Padre mío. Observo a los hombres y las mujeres de la Tierra y veo cómo se entregan a toda suerte de desórdenes sexuales. Hacen cosas que me escandalizan, y que no puedo describir por respeto a Tu majestad y porque esto va a salir en el periódico. Creo que debemos hacer algo”. “Tienes razón, Pedro –le dice el Señor-. Yo también, como tú, me he percatado de que muchas parejas realizan prácticas eróticas que yo ni siquiera imaginé. Son muy pocos los humanos que no incurren en esas excéntricas heterodoxias. Te diré lo que haremos: a los hombres y las mujeres que practican el sexo sólo en la forma establecida, sin apartarse de los lineamientos ortodoxos, les enviaré un reloj de oro con una inscripción de reconocimi