EDITORIAL lunes 26 de jul 2004, 11:22am - nota 1 de 7

Equilibrio


La incapacidad para alcanzar un balance entre los proyectos personales y el ejercicio del poder es una deficiencia evidente entre la clase política del país. Este desequilibrio parece un problema de carácter individual, pero es también una causa del rezago nacional: las decisiones se toman sólo considerando los beneficios o costos políticos que pudieran acarrear.

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El líder nacional de PRI, Roberto Madrazo Pintado, señala que hay personajes “en todos los niveles” que operan dentro del partido para lastimarlo. Se refiere, entre otros, a Miguel Ángel Yunes, quien renunció a ese organismo político tras señalar que la estrategia de la dirigencia del tricolor es frenar en el Congreso cualquier propuesta del Ejecutivo para restar méritos a la administración foxista. Sería ingenuo pensar que Yunes actuó al margen de sus ambiciones personales, como también lo sería el considerar que Madrazo también lo hace.

En el PRD ha causado revuelo la candidatura de Maricarmen Ramírez a la gubernatura de Tlaxcala. Su condición de Primera Dama de la entidad genera el temor de que el proceso electoral se desequilibre en su favor. Si bien la senadora ejerce su derecho a buscar el voto, la negativa del gobernador Alfonso Sánchez Anaya a pedir licencia generó tensión en las filas perredistas, al ser interpretada por algunos como una incongruencia que debilita al partido. Otra vez, queda el proyecto individual sobre el beneficio común.

A nivel estatal sucede lo mismo: en Coahuila, la ciudadanía percibe funcionarios más interesados en fortalecer su carrera política que en desempeñarse con eficiencia en sus tareas de servidores públicos. Importan más la obra majestuosa realizada a corto plazo, la declaración trunfalista o los resultados de las últimas encuestas, que la solución efectiva a los problemas de la gente a la que le deben resultados.

Los partidos deben ser células en donde se fomenten la pluralidad, el debate de ideas y la democracia. Luego, una vez electos, los funcionarios y los legisladores deberían tomar distancia prudente de sus aspiraciones inmediatas y encomendarse a la mejor de las campañas: el trabajo serio y dedicado.

La realidad, sin embargo, dista mucho de ese panorama de utopías: queda claro que la abrumadora mayoría de los políticos buscan acceder al poder en busca de beneficios personales. De este modo, el país se reinventa con cada elección y nuestra historia sigue navegando con rumbos improvisados, al ritmo que le imponen los planes individuales de quienes nos gobiernan.

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