La mujer de Libidiano llegó a su casa y sorprendió a su esposo en lúbrico abrazo con la criadita Mary Thorn. "¿Qué es esto, Libidiano?" -grita en paroxismo de ígnea furia. Al escuchar la destemplada voz de su consorte Libidiano finge la sorpresa de quien sale de una fantasía y entra en la realidad. "¿Qué sucede? -pregunta con simulado asombro al tiempo que se estregaba los ojos-. ¿Quién me habla? ¡Cielos! ¿Qué estoy mirando? ¿No eres tú, esposa mía, la mujer con quien hacía el amor? ¡Oh! ¡Ahora confirmo que necesito lentes!”. (Bribón descarado. Su cinismo no reconoce límites. Supongamos por un momento que, en efecto, su vista lo engañara. Pero el tacto y el oído ¿qué? La esposa de Libidiano, según informes ciertos, permanece inmóvil, como el Peñón de Gibraltar, en el trance amoroso: