PRIMER GRAN FERIA DEL ALGODÓN

SEPTIEMBRE DE 1925

Torreón estaba sin pavimento en sus calles y estaban pavimentando ya; no había puente para automóviles en el río; se viajaba siempre en tren y en la ciudad en tranvía; el cuartel militar estaba en la manzana del cine Laguna, en el poder estaban Obregón y Calles, no había aún radio ni cines, no había Presa del Palmito y el poder estaba en los hacendados o agricultores españoles; los días eran muy largos, la vida muy reposada y tranquila; el presidente municipal era el doctor Ángel Gutiérrez y en el periódico apareció a grandes titulares; la reina electa había sido la agraciada y simpática Elvira Torres, la que se nombró “Su Graciosa Majestad Elvira I”; quien reinaría durante las engalanadas y rumbosas fiestas de la Primera Feria del Algodón.

La coronación de Elvira I, se efectuó el 5 de Septiembre, en el Teatro Princesa, hasta donde en medio de un torrencial aguacero, que se pensaba iba a deslucir la fiesta, llegaban los automóviles con toda la engalanada corte de honor, acompañantes y distinguidos asistentes a este tan magno acto de la coronación de la reina.

Con gran compañerismo entre las ciudades de la Región lagunera: ciudad Lerdo, Gómez Palacio, Matamoros, San Pedro y Torreón, verdaderas Ciudades hermanas; para darle mayor lucimiento, brillantez y solemnidad a las fiestas, se invitó a un a representante de cada una de las ciudades Hermanas, bella costumbre, que hoy, inexplicablemente se ha puesto a un lado.

Como se ha olvidado también, aquélla brillante promoción que se hizo a nivel federal, pidiendo a los ferrocarriles, que por esos días hicieran una tarifa especial a los pasajeros que vinieran a la Feria del Algodón y que aprovecharan para visitar Torreón, la tan joven ciudad, que también por esos días celebraba entre la Colonia Española la muy tradicional Fiesta de Covadonga, las septembrinas fiestas patrias y el feliz aniversario num. 18 de que Torreón había sido declarada ciudad.

Qué mejor regalo para esta joven ciudad, la que siempre había tenido sus calles de tierra sin pavimento alguno, y que cuando llovía se formaban unas enormes y anegadas charcas lamosas que por mucho tiempo quedaban ahí como insalubres lodazales pestilentes que deprimían más de la cuenta a la vista de las persona que por primera vez llegaban a pisar esas tierras de la nueva población, la que ya para esos entonces gozaba de una envidiable fama por su coarta historia, en donde sobresalía por el auge de sus fábricas y sus producciones agrícolas, por ser y haber sido un importantísimo punto estratégico-militar durante la Revolución Mexicana, y ahora por la celebración de la Primera Gran Feria del Algodón, en que las autoridades y la iniciativa privada de entonces, se echaron a cuestas la formidable empresa de asfaltar las principales calles de la ciudad.

Como uno de los actos más bellos y solemnes de esta feria, fue la inauguración del primoroso Blvd.. Morelos, en donde la pavimentación se hizo desde la Calle del Torreón Viejo, hasta la Alameda Zaragoza, construyéndose un camellón central, en donde personalmente los integrantes del comité, las autoridades y el público en general, en una hermosa y simbólica acción, plantaron las pequeñas palmas, las que hoy tan elegante y juncalmente adornan esta avenida.

Para darle más realce a estas fiestas de la Primera Feria del Algodón, hizo un viaje a esta ciudad el Jefe Máximo: Plutarco Elías Calles, Presidente de la República, quien a bordo del tren presidencial vino a inaugurar el nuevo cuartel, llamado “Campo militar” donde recorrió todas las modernas instalaciones, acompañado de toda su comitiva y del general José Gonzalo Escobar, jefe de la Guarnición Militar de l Plaza y que además, de su cuenta había costeado el dicho Campo Militar y ahí lo donó a la Secretaría de Guerra y Marina.

Por último en esta fiesta en movimiento, custodiado por un fuerte grupo de charros, fuete en mano, aparecía un tembloroso velero cargado de bellas bañistas, enfundadas en modernísimos trajes de baño hasta las rodillas (según se ve en la foto del recuerdo publicada en EL SIGLO DE TORREÓN)

Al terminarse este gran desfile de carros alegóricos, quedó el sentir de las gente su encanto de fiesta y como por ser domingo y día de feria, gustosamente las familias entras, se pusieron a recorrer la Plaza de Armas, que como una ramería de pueblo, estaba vistosamente engalanada y llena de vendedores y tenderetes en el suelo, donde ahí vendían los gorros de papel y cartoncillos con sus leyendas y adornos de diamantina tricolor, los antifaces, las espadas de palos para los niños, una estaca con un gran membrillo en la punta, reguiletes de papel lustrina, cornetillas, zumbadores y pelotas vaciladoras. Más allá los puestos de buñuelos bañados en miel de piloncillo y en unos comales las gorditas de manteca con carnitas y salsa roja y verde, las enchiladas cubiertas de queso y cebolla servidas en plato o papel; las aguas frescas de todos los sabores y colores., etc.

Historia de Torreón,


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