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Soy padre adoptivo

César Garza

   En una ocasión una persona me preguntó cuál sería el mejor momento para adoptar a un menor, desde la perspectiva del menor la respuesta sería sin duda “cuanto antes mejor”, desde la perspectiva de la familia el mejor momento es cuando dicha familia esté preparada para vivir el proceso con todo lo que implica.

   Cuando una familia decide adoptar, lo hace por diversas causas, me parece que una de las más comunes es cuando por alguna razón hay una incapacidad para tener hijos propios, el querer ser padres, los lleva entonces, rompiendo paradigmas sociales aún muy fuertes, a iniciar los trámites de un proceso de adopción de un bebé, es decir, piensan llenar un vacío existente en la familia con la incorporación de una personita a la que puedan educar desde sus primeros años.

   La mayor demanda por parte de los potenciales padres adoptivos se centra entonces en bebés, los niños más grandecitos dejan de ser “atractivos” para muchas familias. Mientras más grandes son los niños o niñas es más difícil que alguna familia se interese en ellos, de acuerdo con la institución que nos atendió a nosotros, los niños y niñas mayores de 5 años ya bajan de manera importante su probabilidad de ser adoptados, a los 15, si aún permanecen ahí, es casi seguro que se quedarán en la institución hasta su mayoría de edad con un incierto futuro.

   Hay otros niños que se incorporan al sistema de adopciones ya más grandecitos, digamos que el estado “los rescata” de situaciones difíciles para los pocos años que llevan en esta vida, muchos de ellos han visto una o más caras de la miseria social y/o humana, llámese violencia, abuso, abandono, frío o hambre, estas experiencias sin duda los marcan para el resto de sus días. Dejan de ser lo que llamaríamos “niños normales”.

   Cuando uno tiene un bebé, ya sea biológico o adoptado, digamos que se enfrenta a los retos y problemas de cualquier familia que se preocupa por enseñar al hijo las cosas que consideramos importantes; cuando se adopta a un menor ya más grandecito, seguramente nos encontraremos con que presenta conductas con las cuales no estamos de acuerdo, dependiendo de nuestras creencias y cultura en general, ahí es cuando debemos de armar estrategias para que el menor desaprenda algunas cosas y aprenda otras que consideramos valiosas para su desarrollo.

   Muchos potenciales padres adoptivos crean sus fantasías y expectativas del resultado de este proceso y cuando por alguna razón, esa expectativa no se cumple, llegan las frustraciones. Ante la frustración y la incapacidad de manejarla muchos niños son “devueltos” al sistema de orfanatos, si, como si se tratara de un objeto defectuoso adquirido en un centro comercial, el niño o niña cargará ahora con otra cicatriz emocional que por muchas visitas que hagan al psicólogo, finalmente les impactará directamente es su autoestima y desarrollo futuro.

   Esto que les comento ocurre con cierta frecuencia, la mayor responsabilidad desde mi punto de vista es de los padres, los adultos, se podrán esgrimir muchas razones y cada caso es ciertamente particular pero la realidad es que, simplemente, no estaban preparados.

   En ese sentido, también hay que reconocer que el trabajo de las instituciones para preparar a los padres es, digamos, susceptible de ser mejorado y profesionalizado.

   Por otro lado, los niños que viven en casas hogar y que llamaremos institucionalizados, tienen reglas claras, rutinas definidas, techo, ropa, comida y viven con cierta seguridad, van a la escuela y algunas instituciones se preocupan por facilitarles clases para desarrollar otros aspectos. Algo con lo que indudablemente cuentan estos pequeños es la compañía de otros como ellos, con los cuales juegan siempre que pueden.

   Los niños institucionalizados asisten a escuelas públicas, la institución digamos que se preocupa por llevarlos a la escuela y traerlos, ven que hagan su tarea sin revisarla muchas veces y ya no digamos estudiar con ellos, son demasiados, el resultado es que los menores traen deficiencias académicas importantes.

   Estos niños alimentan la necesidad-fantasía de contar con un papá y una mamá que los cuide, alimente, eduque y ¿por qué no?, que les compre todo lo que quieran, llámese golosinas, celulares o computadoras para cubrir aspectos que siempre han adolecido y que a su corta edad consideran importantes. Por otro lado, al ser adoptado, es decir, ir a vivir con una familia, implica un proceso de cambio muy fuerte para el menor, es salir de la institución que les brinda y ha brindado seguridad, para comenzar una aventura de vida con personas desconocidas como prospectos de familia, nadie les asegura que esta nueva familia los respetará y les brindará una mejor oportunidad de desarrollo, la seguridad que la institución les brindaba desaparece, los juegos con sus amigos-hermanos terminan, la apuesta es muy fuerte, la incertidumbre grande y la presión y ansiedad a la que se ven sujetos es importante, muy importante.

   Por lo que comentamos, los niños están predispuestos a ser adoptados, algunos hasta el grado de la obsesión y dispuestos a dar el salto con toda la incertidumbre que mencionamos, los padres adoptivos esperamos a que los menores simplemente se adapten cuando llegan a casa, gran diferencia.

   El tema tiene múltiples aristas y los padres que tomamos esta decisión debemos como mencioné al principio estar plenamente convencidos del proceso que habremos de iniciar, muchas personas se dejan llevar por la parte romántica del hecho, “estoy dispuesto a dar mi amor”, bueno, no es suficiente, hay que documentarse, dedicarle tiempo a los chicos, acompañarlos en las tareas de la escuela ya que lo más seguro es que en la parte académica estén deficientes, hacerla de profe de matemáticas, inglés, español, y todo lo demás, hay que escuchar y poner en práctica consciente nuestra inteligencia emocional muchas veces, cuando se sienta que no se avanza, habrá que hacerse acompañar de terapeutas que le ayuden a la familia a salvar los escollos.

   Nosotros estamos convencidos que muchos fracasos se deben a las expectativas que las familias fincan en los menores, creemos que lo mejor es esperar nada durante el proceso, de ese modo, todo avance, por pequeño que sea, se convertirá en una victoria que mantendrá alejada a la frustración. Nos ha resultado.

   Los amigos y la familia extendida son muy importantes, deberán entender que los comportamientos de los menores muchas veces no tienen nada que ver con el momento de convivencia en el que se encuentren, no son niños que hayan tenido una vida “normal” por lo que los parámetros acotados a la “normalidad” y sobre los cuales en ocasiones se emiten juicios, no aplican, si, la familia y los amigos también deberán entender estos aspectos, muchos de ellos me han llegado a preguntar ¿Por qué lo hicieron?

  Yo les respondo, porque podemos cambiar una vida…

 

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